Los hombres quienes educan a nuestros hijos (parte uno)

(FirstFiveNebraska.org.)

Los niños son individuos activos y necesarios en cada parte de nuestra sociedad y a través del mundo. Los adultos actuales serán reemplazados por los niños cuando sean los adultos de mañana, inyectando sus talentos las cuales aprendieron en sus años previos. Como ex-trabajador social en el departamento educación infantil en el Bronx en la ciudad de Nueva York, me esforcé para ser un agente de cambio en las vidas de los niños quienes tuve la oportunidad de educar. Fuera de ser un soporte académico, también colaboré con agencias de intervención temprana y otros servicios terapéuticos las cuales cambiaron las vidas de los niños que necesitaban esos servicios. Aparte de los niños recibiendo los servicios, los padre también beneficiaron de ver el cambio instantáneo que ocurrió en sus hijos. Así fue que me gané los corazones de mis familias.

Me importó el bienestar de mis niños–y todavía los tengo en mente, aun no teniéndolos como mis estudiantes.

La mayoría de mis familias emigraron de México, Honduras, El Salvador, y Guatemala. Como vienen de pueblos pobres, no tuvieron el acceso básico a la educación en sus países, y por eso muchos de ellos sufren de analfabetismo. Por razón de ser indocumentados, abogué para que mis familias atendieran talleres de inmigración, donde abogados consultaron a mis familias son ningún tipo de costo. También busqué programas para los padres que querían sus títulos de escuela secundaria y más recursos que recomendé en tiempos de necesidad.

Cuando era tiempo de ser el consejero familiar con la voz gruesa y dispuesto a luchar por los derechos y bienestares de mis familias, me querían y admiraban el trabajo que hice.

Pero, ese cariño y dependencia que me habían asignado no estuvo presente en momentos cuando no estaba en mi oficina, desconectado del tiempo de círculo y dándole meriendas a los niños mientras que leían y escribían. Cuando estaba en el salón asignado, ¡los niños me querían! Abrazos y chocadas de mano eran comunes en mi presencia, y las maestras preferían que estuviera con los niños porque muchos de mis niños se estaban criando sin una figura paterna en su vida. Los niños le encantaban tenerme en su presencia, leyéndole La sombrilla grande, con muchos teniendo el orgullo de saber que el Sr. Christopher estaba en el salón ellos.

¿A los niños les encantaba tenerme en su salón? ¡Absolutamente!

¿Los padres? Non necesariamente.

Vendrá más información con datos en la próxima instalación.

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